30 de marzo de 2010

OVILLOS.

Mientras devano la memoria,
forma un ovillo la nostalgia.
Si la nostalgia desovillo,
se irá ovillando la esperanza.
Siempre en el mismo hilo.

15 de marzo de 2010

27 DE FEBRERO DE 2010: La noche que la Tierra se salió de sus casillas...

El viernes 26 de Febrero, preparaba mis maletas para mi viaje a Cauquenes, mis hijas pasaban sus últimos días de vacaciones, en casa de su abueli. Salimos a las siete de la tarde desde Osorno, a mitad de viaje, las llamé para avisarles que no nos esperaran despierta, llegaríamos muy tarde. LLegamos el 27 de Febrero, a las tres de la madrugada aprox.
Después de descargar lo más urgente para dormir, preparaba agua para tomar un café, cuando comenzó el remezón, no tuve duda que era fuerte, subí las escaleras corriendo y gritando a mis hijas que se levantaran de sus camas. No sé cómo, pero nos encontramos en la puerta del dormitorio, y logramos sujetarnos a un pilar y abrazarnos fuerte, para no ser arrojadas al suelo por la fuerza del movimiento.
El primer sacudón, lo resistimos, en la puerta. Mis hijas temblaban descontroladamente, y entre llanto me repetían:"qué bueno mamá que llegaste, sino, nadie nos hubiese salvado". Por más que intentaba explicarles (entre tumbos) que su tía tb lo hubiese hecho, insistían.
Vino un momento de calma y corrimos hasta el primer piso, pero comenzó el segundo remezón, y no logramos salir de la casa. Mis hijas con sus temblores descontrolados y yo en medio de tanta locura (de escuchar vidrios que se rompían, la vecina que gritaba desesperada, los rezos de la abueli), les preguntaba por qué, si tenían frío (casi molesta) no estaban más abrigadas.
Hubo un segundo que se hizo eterno y pensé que la vida, se acababa en ese instante. La Tierra más que nunca tenía alma, corazón, vida y una furia ilimitada y no se detendría, hasta vernos a todos aplastados.
Medio hora, hizo la diferencia entre estar con mis hijas, o lejos de ellas, en ese terrible momento, un terremoto de 8.8 grados, y 3 minutos de duración. Luego, una semana de incomunicación con el resto del mundo, y sobretodo con mi madre, sin poder decirle, estamos bien, y esa estadía que se me hacía eterna.
La foto, es de nuestro regreso a casa, en una de las tantas fisuras o más que fisuras, en la carretera.
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